sábado, 1 de octubre de 2011

DESPIDO DE CARLOS CARNICERO

Lo cuenta el propio Carlos Carnicero, es su propio escrito:
Por cumplir mi compromiso de transparencia, citaré brevemente lo ocurrido.
Desde hace aproximadamente tres semanas, tenía una cita con el nuevo director de informativos de la Cadena Ser , Antonio Hernández Rodicio.
La cita se aplazó del 7 al 18 de Julio por mi retraso en llegar a Madrid desde una estadía relativamente prolongada en Argentina.
Se celebró en una cafetería de la Gran Vía de Madrid. Le pregunté por su familia, porque se está trasladando a
Madrid.
Él y yo no nos conocíamos. Fue al grano. Me dijo que lamentaba que nos conociéramos en esas circunstancias.
Me dijo que la Cadena Ser , en la próxima temporada, no iba a contar conmigo. Le pregunté tranquilamente el motivo.
Me dijo que iban a hacer una renovación de contertulios.
¿Después de 17 años, me echáis porque vais a hacer una renovación? Le pregunté directamente si mi despido tenía que ver con la campaña electoral de Rubalcaba, a quien tanto quiere y tanto apoya el Grupo PRISA.
"¿Cómo puedes pensar eso?", me dijo.
Le dije a Antonio Hernández Rodicio que si no me iba a decir la verdad, no teníamos nada más que hablar. Lo que tuvieran que decir, lo dirían mis abogados.
Y así terminó la reunión sobre mi despido.
Me dio tiempo a dar un sorbo de mi botella de agua mineral con gas. Eran las doce cuarenta y cinco del mediodía y hacía mucho calor en la calle.
Dos horas después almorzaba en la Gran Pulpería , en el centro de Pozuelo, con un buen amigo al que hacía mucho tiempo que no veía.
Sonó el teléfono y era el móvil personal de Alfredo Pérez Rubalcaba. El candidato socialista me informó que le había llamado el director de informativos de la SER para comunicarle la versión que yo le había verbalizado sobre mi despido.
El candidato me dijo que él no había tenido nada que ver con mi salida de la SER. Y que bastantes problemas tenía ya. Me dio sus condolencias y me dijo que sabía que podía contar con él.
Le mostré mi extrañeza porque el director de informativos de la Cadena Ser le llamara para informarle de los detalles de una conversación que había tenido conmigo para despedirme.
Nada más.
Ayer me tocaba tertulia en la SER por la noche. Llamé a la emisora para preguntar si había alguna alteración sobre los planes. Marçal Serrats, el productor me confirmó mi presencia en el programa. Una hora más tarde, la misma persona me llamó para decirme que por fin no tenía que ir a la radio ayer.
Llamé a Antonio Hernández Rodicio. Le dije directamente que no podía entender su dependencia de Rubalcaba y su falta de profesionalidad para informar al candidato del PSOE y ex vicepresidente del Gobierno de los detalles de mi despido y de mis referencias hacia la persona de Rubalcaba.
No supo que decir. Balbuceó unas frases, me dijo que no le había permitido expresarse y me confirmó que ya nunca más iría a ningún programa de la SER: ni a la Ventana ni a Hora 25.
Por la noche me llamó otra vez Rubalcaba para pedirme que no hiciera pública la llamada que me había hecho a las tres y media de la tarde, pues podía tener serios problemas. Tambien me dijo, que no volviera a nombrarlo para nada en lo sucesivo, pues tengo metodos y modos para que no salgas más en la SER e incluso para hacerte desaparecer.
Me colgó.
He decidido que no me voy a callar nada. Me imagino que tanto Alfredo Pérez Rubalcaba como Antonio Hernández Rodicio saben cómo quedan retratados en este relato. No puedo hacer nada mas que relatar lo que ha ocurrido, espero no desaparecer por contarlo, pero creo que tengo que contarlo, que todo el mundo sepa como estamos, como en Cuba o Venezuela.
No tengo nada más que contar. Esa es la forma y el fondo en que la Cadena Ser me ha despedido después de 17 años continuos en antena.
Carlos Carnicero

miércoles, 28 de septiembre de 2011

UN HOMBRE TRANQUILO ( John Ford - 1952 )

Una de las obras maestras indiscutibles de John Ford, y canto de amor a Irlanda, la tierra de sus ancestros. Cuenta el regreso a tierras irlandesas del ex boxeador Sean Thornton, que desea dejar atrás su traumático pasado en Estados Unidos, y establecerse así en Inisfree, el lugar de los orígenes familiares, para vivir en paz. Enseguida echa el ojo a una temperamental pelirroja, Mary Kate Danaher, con quien querría casarse, pero las diferencias con su hermano Will por cuestiones de tierras parecen abocar al fracaso las posibilidades de que tal matrimonio se celebre algún día.
El inimitable Ford sabe dotar su historia de una importante carga sentimental, sin hacerse en ningún momento cargante ni empalagoso. Su profundo y suave sentido del humor se hace presente en mil y un detalles, subrayados por el narrador, el católico padre Lonergan (perfecto Ward Bond), que mantiene una cordial rivalidad con el pastor anglicano. Son memorables la escena de amor en la vieja capilla una noche de lluviosa tormenta, y las peleas, especialmente la que tiene lugar en el prado. Y hay momentos realmente divertidos, como cuando el personaje de Michaleen Oge Flynn exclama: "¡Homérico!" tras echar un vistazo a la casa de Thornton... Durante todo el film, Ford homenajea la vida familiar, hogareña hasta el extremo, pintándola de modo idílico, pero aportando también buenas dosis de realidad. John Wayne y Maureen O'Hara hicieron una pareja magnífica, y John Ford ganó justamente el Oscar al mejor director; y además del premio a la fotografía, el film recabó otras cinco nominaciones a la estatuilla dorada.
Año: 1952
Director: John Ford
Actores: John Wayne, Maureen O'hara, Barry Fitzgerald, Ward Bond.
Guión: Franl S Nugent
Música: Victor Young

viernes, 26 de agosto de 2011

VERTIGO

Confieso que cuando a la empresa donde yo trabajaba  llegó el primer ordenador, nada de pc´s, ordenador como Dios manda, con su tamaño de frigorífico y sus monitores de culo ancho y pantallas negras, aquello me sonó como algo no muy práctico, tener que recordar mil contraseñas, pantallas, mandatos en MSDOS no era precisamente la mejor forma de hacer atractiva aquella nueva herramienta que, en principio, relentizaba más que aceleraba el trabajo.
Con el Sr. Gates nos llegó Windows, una ventana que nos hizo a muchos progresar rápidamente en el nuevo mundo de la ofimática, llegando al día de hoy a no encontrar a casi nadie que no sepa usar un ratón, un pc y no sepa que es Word, Blogger o Facebook.
Cuando ya parecía que dominabas el tinglado, unos cuantos preparaban el menú para que los profanos diésemos buena cuenta de el, nos llegó la sorpresa de la WEB 2.0, ahora no hacía falta ser profesional de la programación, ahora lo que nos ofrecían era poder elaborar nosotros aquello que antes nos venia dado, nos propusieron aprender a cocinar y además probar la comida y repartirla entre, en principio amigos, y luego entre todos, aunque no supieses realmente quienes eran "los demás".
Sorprendente fue la aparición de las redes sociales y de los bloggers, wikis y demás programas que nos convertían en hacedores de la red, nos hacían dueños de lo que circulaba por ella; hubo que correr para ponerse el día y muchos empezaron a cogerle el gusto a la "erótica" del teclado, entendiendo por ello, gusto a escribir y que a uno lo leyeran, era como editar tu propio periódico, escribir tu propio libro, ser el protagonista de la novela.
Cuando comencé en las redes sociales y los blogs, yo también sucumbí al encanto de ser leído, siempre pensé que aquello que escribiese sería algo medio interesante para mis allegados, familia, amigos.. pero la cosa se complicó, conforme avanzaban los días comprobaba que no solo ellos leian o podían leer mis escritos. Aluciné el primer día que comprobé que un escrito mio era contestado por alguien que vivía.... en Nueva Zelanda; " jo, pensé, ¿ a alguien de NZ le puede interesar lo que escribo en ratos libres desde mi casa ? ", pues parece que si, pero no solo de NZ, Bélgica, Canadá, Ecuador....
Supongo que a todos nos pasa, todos los que nos arriesgamos a exponer nuestras ideas en la red corremos el riesgo de que se nos lea desde cualquier parte del mundo; eso, en ocasiones provoca vértigo, comprobar que esto que escribo desde casa es leído por cientos de personas que no saben ni quien soy, que nunca llegarán a conocerme, en ocasiones me produce miedo; ni que decir que aquellos que me triplican o cuadruplican en lectores deben de sentir un miedo exponencial.
Debemos ser conscientes de que la red ya no es algo limitado o limitable, la expansión de las conexiones, la incursión de la telefonía móvil, la innegable curiosidad... han hecho de la red algo inabarcable, y origina que en cualquier parte del mundo haya alguien con ganas, interés o curiosidad de leer lo que para ti son solo " simples opiniones que quieres plasmar y recordar ".
Tengamos cuidado, nunca sabemos quien o con que intenciones nos esta leyendo.

domingo, 21 de agosto de 2011

Premios ig nobel..

  • Cada año se entregan los premios ig nobel, o algo así como los anti-nobel, se dan a las cosas mas extravagantes, esta es la lista del año en curso... manda narices en lo que se gasta el dinero de las investigaciones.


  • Ingeniería: Karina Acevedo-Whitehouse y Agnes Rocha-Gosselin de la Zoological Society de Londres, y Diane Gendron del Instituto Politecnico Nacional, Baja California Sur, México, por perfeccionar un método para recoger mocos de las ballenas mediante un helicóptero de radio control.

  • Medicina: Simon Rietveld de la Universidad de Amsterdam, y Ilja van Beest de la Tilburg University, por descubrir que los síntomas del asma pueden ser tratados con una vuelta en una montaña rusa.

  • Transporte: Toshiyuki Nakagaki, Atsushi Tero, Seiji Takagi, Tetsu Saigusa, Kentaro Ito, Kenji Yumiki, Ryo Kobayashi de Japón, y Dan Bebber, Mark Fricker del Reino Unido, por usar el moho del lodo para determinar las rutas óptimas para tender railes de tren.

  • Física: Lianne Parkin, Sheila Williams, y Patricia Priest de la Universidad de Otago, Nueva Zelanda, por demostrar que la gente se cae menos si en el invierno la gente anda con los calcetines por fuera de los zapatos por caminos congelados.

  • Paz: Richard Stephens, John Atkins, y Andrew Kingston de la Universidad de Keele, Reino Unido, por confirmar que en efecto soltar tacos alivia el dolor.

  • Salud pública: Manuel Barbeito, Charles Mathews, y Larry Taylor de la Oficina de Seguridad y Salud Industrial de Fort Detrick, Maryland, Estados Unidos, por determinar experimentalmente que los microbios tienden a pegarse a los científicos con barba.

  • Economía: Los ejecutivos y directores de Goldman Sachs, AIG, Lehman Brothers, Bear Stearns, Merrill Lynch, y Magnetar por crear y promover nuevas formas de invertir dinero que maximizan las ganancias y minimizan los riesgos para la economía mundial, o al menos para parte de ella.

  • Química: Eric Adams del MIT, Scott Socolofsky de la Universidad A&M de Texas, Stephen Masutani de la Universidad de Hawaii, y British Petroleum, por demostrarnos que estábamos equivocados al creer que el agua y el petróleo no se mezclan.

  • Gestión de empresas: Alessandro Pluchino, Andrea Rapisarda, y Cesare Garofalo de la Universidad de Catania, Italia, por demostrar matemáticamente que las organizaciones serían más eficaces si ascendieran a sus miembros al azar.

  • Biología: Libiao Zhang, Min Tan, Guangjian Zhu, Jianping Ye, Tiyu Hong, Shanyi Zhou, y Shuyi Zhang de China, y Gareth Jones de la Universidad de Bristol, por documentar científicamente la felación en los murciélagos de la fruta.

  • Como dicen los organizadores, premian aquellos logros que hacen que la gente primero se ría, y luego piense. Los premios quieren celebrar lo inusual, honrar lo imaginativo, y estimular el interés del público en la ciencia, medicina y tecnología.

    Discurso Benedicto XVI ante profesores (19/8/2011)


    ENCUENTRO CON PROFESORES UNIVERSITARIOS JÓVENES

    DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
    Basílica de San Lorenzo de El Escorial
    Viernes 19 de agosto de 2011


    Señor Cardenal Arzobispo de Madrid,
    Queridos Hermanos en el Episcopado,
    Queridos Padres Agustinos,
    Queridos Profesores y Profesoras,
    Distinguidas Autoridades,
    Amigos todos


    Esperaba con ilusión este encuentro con vosotros, jóvenes profesores de las universidades españolas, que prestáis una espléndida colaboración en la difusión de la verdad, en circunstancias no siempre fáciles. Os saludo cordialmente y agradezco las amables palabras de bienvenida, así como la música interpretada, que ha resonado de forma maravillosa en este monasterio de gran belleza artística, testimonio elocuente durante siglos de una vida de oración y estudio. En este emblemático lugar, razón y fe se han fundido armónicamente en la austera piedra para modelar uno de los monumentos más renombrados de España.
    Saludo también con particular afecto a aquellos que en estos días habéis participado en Ávila en el Congreso Mundial de Universidades Católicas, bajo el lema: “Identidad y misión de la Universidad Católica”.
    Al estar entre vosotros, me vienen a la mente mis primeros pasos como profesor en la Universidad de Bonn. Cuando todavía se apreciaban las heridas de la guerra y eran muchas las carencias materiales, todo lo suplía la ilusión por una actividad apasionante, el trato con colegas de las diversas disciplinas y el deseo de responder a las inquietudes últimas y fundamentales de los alumnos. Esta “universitas” que entonces viví, de profesores y estudiantes que buscan juntos la verdad en todos los saberes, o como diría Alfonso X el Sabio, ese “ayuntamiento de maestros y escolares con voluntad y entendimiento de aprender los saberes” (Siete Partidas, partida II, tít. XXXI), clarifica el sentido y hasta la definición de la Universidad.
    En el lema de la presente Jornada Mundial de la Juventud: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (cf. Col 2, 7), podéis también encontrar luz para comprender mejor vuestro ser y quehacer. En este sentido, y como ya escribí en el Mensaje a los jóvenes como preparación para estos días, los términos “arraigados, edificados y firmes” apuntan a fundamentos sólidos para la vida (cf. n. 2).
    Pero, ¿dónde encontrarán los jóvenes esos puntos de referencia en una sociedad quebradiza e inestable? A veces se piensa que la misión de un profesor universitario sea hoy exclusivamente la de formar profesionales competentes y eficaces que satisfagan la demanda laboral en cada preciso momento. También se dice que lo único que se debe privilegiar en la presente coyuntura es la mera capacitación técnica. Ciertamente, cunde en la actualidad esa visión utilitarista de la educación, también la universitaria, difundida especialmente desde ámbitos extrauniversitarios. Sin embargo, vosotros que habéis vivido como yo la Universidad, y que la vivís ahora como docentes, sentís sin duda el anhelo de algo más elevadoque corresponda a todas las dimensiones que constituyen al hombre. Sabemos que cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo de poder. En cambio, la genuina idea de Universidad es precisamente lo que nos preserva de esa visión reduccionista y sesgada de lo humano.
    En efecto, la Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana. Por ello, no es casualidad que fuera la Iglesia quien promoviera la institución universitaria, pues la fe cristiana nos habla de Cristo como el Logos por quien todo fue hecho (cf. Jn 1,3), y del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. Esta buena noticia descubre una racionalidad en todo lo creado y contempla al hombre como una criatura que participa y puede llegar a reconocer esa racionalidad. La Universidad encarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor.
    He ahí vuestra importante y vital misión. Sois vosotros quienes tenéis el honor y la responsabilidad de transmitir ese ideal universitario: un ideal que habéis recibido de vuestros mayores, muchos de ellos humildes seguidores del Evangelio y que en cuanto tales se han convertido en gigantes del espíritu. Debemos sentirnos sus continuadores en una historia bien distinta de la suya, pero en la que las cuestiones esenciales del ser humano siguen reclamando nuestra atención e impulsándonos hacia adelante. Con ellos nos sentimos unidos a esa cadena de hombres y mujeres que se han entregado a proponer y acreditar la fe ante la inteligencia de los hombres. Y el modo de hacerlo no solo es enseñarlo, sino vivirlo, encarnarlo, como también el Logos se encarnó para poner su morada entre nosotros. En este sentido, los jóvenes necesitan auténticos maestros; personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber, sabiendo escuchar y viviendo en su propio interior ese diálogo interdisciplinar; personas convencidas, sobre todo, de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad. La juventud es tiempo privilegiado para la búsqueda y el encuentro con la verdad. Como ya dijo Platón: “Busca la verdad mientras eres joven, pues si no lo haces, después se te escapará de entre las manos” (Parménides, 135d). Esta alta aspiración es la más valiosa que podéis transmitir personal y vitalmente a vuestros estudiantes, y no simplemente unas técnicas instrumentales y anónimas, o unos datos fríos, usados sólo funcionalmente.
    Por tanto, os animo encarecidamente a no perder nunca dicha sensibilidad e ilusión por la verdad; a no olvidar que la enseñanza no es una escueta comunicación de contenidos, sino una formación de jóvenes a quienes habéis de comprender y querer, en quienes debéis suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo y ese afán de superación. Sed para ellos estímulo y fortaleza.
    Para esto, es preciso tener en cuenta, en primer lugar, que el camino hacia la verdad completa compromete también al ser humano por entero: es un camino de la inteligencia y del amor, de la razón y de la fe. No podemos avanzar en el conocimiento de algo si no nos mueve el amor; ni tampoco amar algo en lo que no vemos racionalidad: pues “no existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor” (Caritas in veritate, n. 30). Si verdad y bien están unidos, también lo están conocimiento y amor. De esta unidad deriva la coherencia de vida y pensamiento, la ejemplaridad que se exige a todo buen educador.
    En segundo lugar, hay que considerar que la verdad misma siempre va a estar más allá de nuestro alcance. Podemos buscarla y acercarnos a ella, pero no podemos poseerla del todo: más bien, es ella la que nos posee a nosotros y la que nos motiva. En el ejercicio intelectual y docente, la humildad es asimismo una virtud indispensable, que protege de la vanidad que cierra el acceso a la verdad. No debemos atraer a los estudiantes a nosotros mismos, sino encaminarlos hacia esa verdad que todos buscamos. A esto os ayudará el Señor, que os propone ser sencillos y eficaces como la sal, o como la lámpara, que da luz sin hacer ruido (cf. Mt 5,13-15).
    Todo esto nos invita a volver siempre la mirada a Cristo, en cuyo rostro resplandece la Verdad que nos ilumina, pero que también es el Camino que lleva a la plenitud perdurable, siendo Caminante junto a nosotros y sosteniéndonos con su amor. Arraigados en Él, seréis buenos guías de nuestros jóvenes. Con esa esperanza, os pongo bajo el amparo de la Virgen María, Trono de la Sabiduría, para que Ella os haga colaboradores de su Hijo con una vida colmada de sentido para vosotros mismos y fecunda en frutos, tanto de conocimiento como de fe, para vuestros alumnos. Muchas gracias.

    miércoles, 17 de agosto de 2011

    JMJ 2011

    Está al cabo de la calle la polémica surgida a raíz del viaje de S.S. Benedicto XVI a España en las próximas fechas, poco menos parece que viene a visitarnos un sátrapa y que nos robará hasta los cubiertos de la vajilla de plata de la abuela, de tan feroces que braman algunas gargantas.
    España es, constitucionalmente, un país "aconfesional", es decir, el Estado como institución no tiene, o no debe tener, afectos o desafectos por ninguna creencia religiosa, debe permanecer al margen; tras los lúgubres años de la dictadura, en los cuales el Estado se apoyaba en la jerarquía de la Iglesia, que no en la propia Iglesia, para mantener su status, no fue mala idea hacer que legalmente el Estado se separase del poder fáctico que la Iglesia representa.
    Pero de la aconfesionalidad al ateísmo hay bastante, no se puede pedir hoy que España, poblada mayoritáriamente por católicos - esto es una verdad irrefutable - practicantes o no, de la espalda a una realidad social que nos representa y que ha formado parte del acervo cultural español desde siglos pretéritos; pretender que el Gobierno plante cara a un Jefe de Estado y le prohiba la visita es tanto como si un grupo de racistas pide la no visita de Obama en base a que es de color.
    La gran polémica surge con el enorme gasto que supondrá la visita, y se indica, con cierto sarcasmo, que ese dinero se destine en paliar el hambre en África, muy digno propósito, no cabe duda, pero que poco tiene que ver con los motivos reales del rechazo a la visita Papal.
    En principio la mayoría de ese gasto es asumido por la propia Conferencia Episcopal, a través de colectas y de cuotas que pagan los participantes; el Estado solo se hace cargo de los gastos de seguridad, estancia y acomodo del Ilustre visitante, vamos, como hace con cualquier Jefe de Estado que a España viene en visita oficial o privada.
    Pedir que ese dinero se destine al cuerno de África es no saber, o no querer saber ( que tanto monta, monta tanto ), que allá, donde miles de personas mueren de hambre, los propios guerreros del Islam son los que prohiben la llegada de alimentos. A Al quaeda o otros grupúsculos les interesa un pueblo subyugado e inculto para poder seguir manipulando a sus pueblos en su vano afán por la conquista de occidente.
    Lo que parece no recordar muchas voces contrarias al viaje Papal, es que la Iglesia Española, y la Universal por añadidura, destina miles de millones a paliar la necesidad de muchísimas familias; olvidan que la Iglesia a través de Cáritas, de la Pastoral Penitenciaria, de la Pastoral Juvenil...etc, etc.. dedica mucho tiempo, esfuerzo y dinero a ayudar al mas necesitado ( mientras nuestros políticos lo destinan a otros menesteres menos humanitarios ).
    Lo que de verdad espanta en este "circo" que algunos pretenden montar a costa de la JMJ es la distinta vara de medir que se tiene en España; se reunen 30 personas ante una plaza de toros pidiendo que se supriman las corridas es eso es " la voz del pueblo ", 3.000 personas se reunan en Sol, se llaman "movimiento 15-M" y son " la voz del pueblo ", 5000 manifestantes anti Papa son " la voz del pueblo ", pero 2.000.000 de personas, DOS MILLONES, con 6 CEROS se reunen en torno a Benedicto XVI y no son nada, bueno, si, son la diana de aquellos que pretenden que quien no piense como ellos pase por la hoguera...
    A muchos de los que hoy protestan les valdría mas vender su TV de plasma, su mini cadena de música, su portátil, su móvil 3G, suprimir si conexión de banda ancha... y mandar ese dinero a África, al menos entonces podrían protestar con razón.
    El día que vea protestar con igual intensidad del costo que supone para el país la kale borroca, el vandalismo de los ultras deportivos, las manifestaciones de los trabajadores de astilleros o simplemente, que se critique el coste del dispositivo policial de la manifestación anti-Papa de hoy mismo, creeré que al menos, los que protestan son coherentes.

    lunes, 18 de julio de 2011

    Esta insoportable levedad ( J.L. Cebrián; El Pais 18/07/11 )

    Hace poco más de un mes asistí en Madrid a varios debates entre intelectuales, políticos, empresarios y ciudadanos del común. A pesar de reunir muy diferente y variopinta asistencia, en todos ellos tuve ocasión de comprobar el singular sentido de ánimo de la sociedad capitalina (creo que la española en general) ante lo que podríamos llamar, parodiando a Kundera, la insoportable levedad del devenir de España. Dos de esos actos estaban relacionados directamente con la recuperación de la memoria colectiva. Uno fue organizado por la Asociación de Defensa de la Transición y el otro, por la Fundación Fernando Abril Martorell, que otorgaba el Premio de la Concordia a Antonio Muñoz Molina. Salvo el incombustible Enrique Múgica y yo mismo, creo que prácticamente no hubo coincidencias entre los presentes en ambas ocasiones. Sin embargo, resultaron tan evidentes la convergencia de actitudes y lo similar de las preocupaciones allí expresadas, que bien puede entenderse que reflejaban un verdadero estado de opinión. Gentes de derechas, de centro y de izquierdas, antiguos comunistas y viejos franquistas arrepentidos, católicos fervientes y ateos recalcitrantes, mujeres, hombres, profesores, jueces, militares, diputados, periodistas e intelectuales, reclamaban, con la serena parsimonia de su experiencia y la firmeza de su convicción, una recuperación del consenso y el pacto como únicas vías para salir del agujero en el que parece hundirse la sociedad española.

    Por los mismos días me reuní en un par de escuelas de negocios con jóvenes empresarios y directivos, la mayoría de ellos bien instalados, y con otros profesionales y universitarios víctimas del paro, algunos de ellos ocasionales pero frecuentes visitantes, como tantos ciudadanos, de la acampada de los indignados en la Puerta del Sol. Eran gentes nacidas en los años setenta y ochenta, algunos más jóvenes aún, cuyos puntos de vista no divergían mucho de los de la generación de sus padres y coincidían en una expresión de simpatía hacia el movimiento del 15-M, por más que algunos se sintieran molestos por la invasión de la vía pública.

    Todo ello me sirvió para comprobar la existencia de un creciente malestar que no conoce fronteras ideológicas, generacionales ni de clase social. Puede pensarse que cuanto nos sucede se resume en la profundidad de la recesión económica y la atribulada gestión de la misma. En muchos países europeos, los Gobiernos y los partidos que les sustentan vienen siendo contundentemente desalojados del poder central o local por los electores, en busca de una alternativa posible que mejore la vida de los ciudadanos. Pero la crisis no es solo económica, aunque sus efectos sobre el aumento del paro y el descenso de nivel de vida de las gentes sean los más inmediatos y dolorosos, sino también política y de convivencia. Es además sistémica no únicamente en lo financiero, sino que afecta de lleno al modelo de organización social y al desarrollo individual y colectivo de las gentes. El descontento español, griego, islandés o portugués, ahora italiano también, anida con diferentes expresiones en muchas otras latitudes, y en el norte de África y Cercano Oriente comienza a cuajar en guerras civiles larvadas, o no tan larvadas, como las de Libia y Siria. La falta de liderazgo, en ocasiones capaz de afirmarse solo por la fuerza, la resistencia al cambio de quienes ocupan posiciones establecidas y la inflexibilidad de la respuesta frente a un mundo en continua ebullición, no harán sino prolongar la decadencia de una realidad insostenible.

    Nos enfrentamos, desde luego, a problemas globales, por lo que las soluciones lo tienen que ser también. Pero la expresión local de unos y otras evidencia las carencias del Estado-nación a la hora de enfrentar estas cuestiones. Eso explica la deriva hacia el populismo de tantos líderes políticos, dispuestos a deslizarse sin mayores cauciones por la senda del proteccionismo comercial, la xenofobia racista y la insolidaridad. El cortoplacismo, atizado por la frecuencia de comicios de todo tipo y las urgencias de las campañas electorales, caracteriza la mayoría de las decisiones de los dirigentes occidentales, que no entienden su incapacidad de competir con algunas sociedades emergentes en las que el calendario -como en el caso de China- corre a diferente velocidad que en el resto del mundo.

    Sobresale el distanciamiento entre la clase política y los ciudadanos, no solo en los regímenes dictatoriales o autoritarios, sino en democracias más o menos consolidadas. Los acampados en las plazas protestan contra el sistema sobre todo por haber sido excluidos de él. Están contra los partidos, los sindicatos, los banqueros y... los periódicos, o los medios de comunicación en general. A todos se mide por el mismo rasero, como integrantes de una casta reacia a propiciar los cambios que la gente demanda. A todos se les reprocha ignorar que las nuevas tecnologías de la comunicación han empoderado a los pueblos más que algunas de las instituciones democráticas que rigen la vida de los países. Y en todos los casos aspiran a más participación ante lo que consideran el fracaso de la representación política. Los reclamos de reforma de la ley electoral, o contra la presencia de imputados en las listas, se basan en la percepción, desde mi punto de vista acertada, de que los representantes no nos representan, o lo hacen cada vez menos. No digo esto a la búsqueda de alguna popularidad que no merezco entre los nuevos levantiscos. Hace un cuarto de siglo, en mi libro El tamaño del elefante, escribía: "No es ya el Parlamento el que controla al Gobierno, sino el Gobierno el que controla a la mayoría parlamentaria, la diseña de antemano.... Y de acuerdo con los sondeos electorales, la domestica, la manipula y utiliza... Una reforma de todo el sistema de representación política en España es necesaria si se quiere que la democracia avanzada que la Constitución define se haga efectivamente realidad". A partir de aquella fecha, los problemas no han hecho sino empeorar en ese terreno. Ahora se ven agudizados por la profundidad de la crisis, la destrucción de empleo, la falta de horizonte de las nuevas generaciones y la perplejidad e irritación que producen ver a los dirigentes políticos disputarse el poder por el poder, reproduciendo promesas que nunca se cumplen y rindiendo tributo a una demagogia persistente e inútil.

    Algunos comparan las revueltas juveniles de ahora con los acontecimientos de Mayo del 68. La escenografía es en parte similar, con esas chicas ofreciendo flores a los robocops policiales, remedando imágenes de una época en la que los manifestantes entonaban el haz el amor y no la guerra. Pero pese a la idílica utopía del movimiento hippie, Mayo del 68 acabó siendo violento, y mayo del 2011 apenas lo ha sido. Las revoluciones han perdido prestigio y habrá que esperar a ver en qué desembocan los acontecimientos del norte de África para saber si son capaces de recuperarlo. En el entretanto, conviene no desdeñar el significado de las protestas. No es solo la representación política lo que está en entredicho, sino un entramado institucional anquilosado y clientelista que sume a los ciudadanos en la desesperanza y el desasosiego.

    Por lo mismo, hace años que deberíamos haber encarado una reforma constitucional que actualizara la gobernación de este país. Una reforma capaz de instaurar un Estado federal moderno, culminando y corrigiendo el proceso de las autonomías, que cuestione la provincia como distrito electoral y establezca las prioridades para las próximas generaciones de españoles. Un programa así exige no solo un liderazgo del que hoy carecemos, sino una voluntad de acuerdo en la política que permita abordar también, de manera urgente y eficaz, la reforma del sistema financiero y la modernización de las relaciones laborales, sin lo que será imposible dinamizar la economía y generar puestos de trabajo. Pero mientras el país confronta la amenaza de ruina, se desvanece la cohesión territorial y aumentan los conflictos sociales. La pérdida de confianza en la gestión del actual presidente del Gobierno es clamorosa dentro y fuera de España. Es imposible suponer que de una legislatura como la que hemos padecido se derive ya ninguna de las soluciones que los ciudadanos reclaman. El deterioro preocupante del partido en el poder amenaza con desequilibrar el futuro inmediato de nuestras instituciones políticas. Y aunque su recién estrenado candidato ha procurado, con éxito inicial, devolverle la esperanza, no es imaginable que acuda a los próximos comicios sin un congreso previo que restaure su maltrecho liderazgo y diseñe un proyecto que le permita recuperar al electorado y elaborar los pactos que el futuro demanda. Para que todo eso suceda, José Luis Rodríguez Zapatero debe de una vez por todas abandonar su patológico optimismo y renunciar al juego de las adivinanzas. Los titubeos, las dudas y los aplazamientos a que nos tiene acostumbrados son la peor de las recetas para una situación que reclama medidas de urgencia. Su deber moral es anunciar cuanto antes un calendario creíble para el proceso electoral. Solo así podrán los españoles soportar la levedad del ser.