jueves, 20 de diciembre de 2012

Felicitación Navidad



I'm dreaming of a white Christmas
Just like the ones I used to know
Where the treetops glisten
and children listen
To hear sleigh bells in the snow

viernes, 7 de diciembre de 2012

¿ Merece la C.E. tanta crítica ?



Da pavor, para muchos de los que nos acercamos a la cincuentena, comprobar como de un tiempo a esta parte se producen furibundos ataques contra la Constitución de 1978 a que se te tacha de todo, menos de útil o positiva.

Reconozcamos que la CE fue diseñada en una época convulsa y en unas circunstancias francamente difíciles, el llamado "bunker" del régimen anterior y diversos poderes fácticos hacían que la carrera contra reloj del proyecto de "Reforma Política" estuvieses plagada de trampas.

Habría que retrotraerse a aquellos meses, el franquismo recién abandonadndo unas Cortes y desconfiando de un  Rey y un Presidente del gobierno que empezaba a olerles a "Traición al General"; el ejercito plagado de Jefes y Generales que habían desarrollado su carrera bajo un régimen dictatorial, en el cual, por fortuna, Generales como Diez Alegría, Gabeiras, Topete.. asumían el cambio y lo esperaban; la Iglesia por otro lado,temerosa de perder sus derechos también presionaba con los medios a su alcance.

A ello habría que añadir una oposición al régimen cuya cabeza visible era el PCE, pues el propio PSOE en esos momentos prefería nadar y guardar la ropa; la CNT y otros sindicatos de clase también presionando a través de conflictos laborales, y unos nacionalismos periféricos que empezaban a dejarse ver tímidamente

Con todo este maremagno, al que habría que añadir a ETA asesinando militares y miembros de las FFSS; y con una población que en su mayoría había vivido la post-guerra civil y que estaba "acostumbrada" a la dictadura y no tenía conciencia democrática y si mucho miedo de lo que pudiera pasar en adelante, con todo esto unos cuantos hombres y mujeres tuvieron que realizar una reforma política de tal calado que aún hoy no ha sido igualada en ningún país.

Hoy, más de 30 años después es fácil criticar, decir que las Cortes Constituyentes se plegaron al ruido de los sables, claro, hoy con un ejercito democratizado es difícil ponerse en la situación de saber que el ejercito en aquel entonces era el vertebrador social, el poseedor de las armas, una institución respetada y temida, de haber salido a la calle nadie hubiese podido hacerle frente, la población civil hubiese aceptado la solución militar de continuidad del régimen.

Es fácil también hablar de plegarse a la Iglesia y no declarar un estado laico, claro, hoy, pero en ese momento la Iglesia poseía una capacidad de movilización social difícilmente entendible en el siglo XXI, algún día se reconocerá la labor de Cardenales como Tarancón, Bueno Monreal... que desde sus puestos supieron atemperar ánimos y desmarcarse de franquistas que los querían utilizar como arietes.

También resulta fácil, desde la comodidad de casa criticar hoy haberse plegado a los nacionalismos y crear un Estado Autonómico; en su contexto hay que entender que la diatriba entre Estado Federal ( que el ejercito no hubiese aceptado ) o Estado Centralista ( no asumible por nacionalismos vasco, catalán...) dio lugar a un híbrido que ha funcionado "aceptáblemente" estos años, y que solo se ha ido al traste no por ser un mal sistema, sino por estar regido por incompetentes que han creado sus reinos de taifas y han dilapidado millones en gastos superfluos y corrupción.

Para todos esos que hoy condenan la C.E. del año 1978, en su inmensa mayoría personas que no vivieron la época de a Transición, que no conocieron el régimen franquista, personas que han crecido al albur de un país que se desarrollaba olvidando la autarquía de años, personas que han gozado de la prosperidad de occidente, para todos ello, solo indicarles que piensen en los años 77-79, e incluso los siguientes, que valoren el enorme esfuerzo que se realizó componiendo una CE que fuese del agrado de unos y otros, que valoren el sacrificio de políticos que dejaron de lado sus ideas, sus doctrinas y fueron capaces de ceder parte de sus idearios por el bien común, que reconozcan que en aquellas circunstancias era poco el margen de maniobra posible y que hoy, desde el salón de casa es fácil criticar, pero que sin duda ellos no lo hubiesen hecho mejor.

Es verdad que la CE necesita mejoras, adaptación al momento, reciclarse de cara a la nueva situación que vivimos y que viviremos en los próximos años, pero para eso hay que tener la grandeza de saber renunciar a ideas, doctrinas, dogmatismos, afrontar la reforma pensando en la generalidad de la población, pensando que esta CE nos ha proporcionado el mayor periodo de paz de los últimos doscientos años, y realizar un cambio que a todos satisfaga, o bien, que a nadie incomode.

Lo que quizás no sepan los que hoy denigran a la CE y piden su cambio, defendiendo sus nobles ideales, es que dentro de 25 años, quizás 30 sus hijos, o los hijos de sus hijos volverán a insultarlos a ellos, como ellos insultan a los cosntituyentes y pedirán una nueva reforma, esperemos que para entonces sean tan "demócratas" y tan "serviciales" para facilitar ese cambio, como hoy solicitan que lo sean los que gobiernan en 2012.

Nuestro problema no es de C.E. o modelo de Estado, no es Monarquía o República, no es Autonomías o Federalismo, el gran problema de España hoy es tener una clase política de bajo perfil, una clase política "funcionarizada", una clase política que actua como "casta" y que impide con sus desmanes, despilfarros y corruptelas el avance económico, social y político del País.

¿ Somos conscientes de lo que nos perdemos ?



Un hombre se sentó en una estación de metro en Washington DC y comenzó a tocar el violín, era una fría mañana de enero. Interpretó seis piezas de Bach durante unos 45 minutos. Durante ese tiempo, ya que era hora pico, se calcula que 1.100 personas pasaron por la estación, la mayoría de ellos en su camino al trabajo.

Tres minutos pasaron, y un hombre de mediana edad de dio cuenta de que había un músico tocando. Disminuyó el paso y se detuvo por unos segundos, y luego se apresuró a cumplir con su horario.

Un minuto más tarde, el violinista recibió su primer dólar de propina: una mujer arrojó el dinero en la caja y sin parar, y siguió caminando.

Unos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escucharlo, pero el hombre miró su reloj y comenzó a caminar de nuevo. Es evidente que se le hizo tarde para el trabajo.

El que puso mayor atención fue un niño de 3 años. Su madre le apresuró, pero el chico se detuvo a mirar al violinista. Por último, la madre le empuja duro, y el niño siguió caminando, volviendo la cabeza todo el tiempo. Esta acción fue repetida por varios otros niños. Todos sus padres, sin excepción, los forzaron a seguir adelante.

En los 45 minutos que el músico tocó, sólo 6 personas se detuvieron y permanecieron por un tiempo. Alrededor del 20 le dieron dinero, pero siguió caminando a su ritmo normal. Se recaudó $ 32. Cuando terminó de tocar y el silencio se hizo cargo, nadie se dio cuenta. Nadie aplaudió, ni hubo ningún reconocimiento.

Nadie lo sabía, pero el violinista era Joshua Bell, uno de los músicos más talentosos del mundo. Él había interpretado sólo una de las piezas más complejas jamás escritas, en un violín por valor de 3,5 millones de dólares.

Dos días antes de su forma de tocar en el metro, Joshua Bell agotó en un teatro en Boston, donde los asientos tuvieron un promedio de $ 100.

Esta es una historia real. Joshua Bell tocando incógnito en la estación de metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de la gente. Las líneas generales fueron los siguientes: en un entorno común a una hora inapropiada: ¿Percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?

Una de las posibles conclusiones de esta experiencia podrían ser:

Si no tenemos un momento para detenerse y escuchar a uno de los mejores músicos del mundo tocando la mejor música jamás escrita, ¿cuántas otras cosas nos estamos perdiendo?

Por: Josh Nonnenmocher